Las predicciones de la ciencia ficción se hacen realidad

Foto: c_oset

Pocos creerían que las predicciones de la ciencia ficción resultarían más exactas que cualquier estimación matemática. Durante mucho tiempo, el cine nos ha mostrado escenarios poco usuales, creando personajes para los cuales hasta hoy parecía no haber cabida en ninguna esfera de nuestra realidad.

En 1968 Stanley Kubrick llevó a la pantalla 2001: Odisea del Espacio, una de las películas de ciencia ficción más respetadas. En ella se proponían temas relacionados con el desarrollo y el funcionamiento de estaciones espaciales –todo lo que para nosotros, hoy, es una realidad. El guión de la película fue adaptado por Kubrick, con ayuda de Arthur C. Clarke, autor de la novela del mismo nombre, y publicada también en 1968. Clarke es considerado uno de los pioneros de la ciencia ficción junto con Isaac Asimov y Robert A. Heinlein. Muchos creen que los libros de estos tres grandes eran, más que predicciones de la ciencia ficción, manuales de instrucciones para la evolución del hombre.

En 1945 Clarke promovió la idea de lanzar al espacio lo que él denominaba “órbita geosíncrona”, una órbita que estaría más cercana a la tierra y cuyas antenas funcionarían como rebote para los mensajes logrando que, al final, las ondas se hicieran más grandes y todos estuviéramos comunicados. Esto evolucionó en los satélites de telecomunicaciones que conocemos hoy en día y gracias a los cuales smartphones, como los Alcatel, se mantienen conectados las 24 horas, además de ofrecer la posibilidad de hacer llamadas a cualquier lugar del mundo.

Por su parte, Isaac Asimov, quien además de escritor era bioquímico, no creía que en el futuro las computadoras deshumanizaran, sino que, por el contrario, serían capaces de crear fuentes de comunicación “uno a uno”, es decir, acercar a la gente, y gracias a su capacidad de almacenamiento, enseñar casi de la misma forma que un maestro en casa lo haría. Él le llamó “biblioteca interconectada”, antes de que existiera, a lo que hoy nosotros conocemos como Internet.

Apenas el año pasado Alex Garland hacía su ópera prima con Ex Machina, una película que relaciona al hombre con los robots pero que, sobre todo, busca entender hasta qué punto un humano tiene la necesidad de entablar una relación con un robot y cómo es que los robots podrían necesitar ser reconocidos como humanos. Quizás hoy en día la relación que como humanos tenemos con los robots es todavía muy distante, pero la realidad es que, mientras nosotros vemos ésta y otras películas, universidades e investigadores hacen hasta lo imposible por crear robots que se integren a nuestra sociedad.

Hoy por hoy el robot que más se acerca a los relatos de la ciencia ficción es Geminoid F, un robot diseñado en la Universidad de Osaka, en Japón, y cuya creación fue inspirada en parte en la anatomía de una mujer de 20 años. El robot cuenta con 65 expresiones faciales distintas y, gracias al software que integra y a las actualizaciones que se le han hecho, es capaz de hablar, cantar y responder casi como un humano.

En poco tiempo Geminoid F será capaz de trabajar y, sus creadores afirman, también, que el principal objetivo a largo plazo es que el propio robot tenga como consigna principal hacer creer a los demás que es humano. Ahora sí: ¿quién decía que eran puros cuentos de ciencia ficción?

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